Cine con Atenea · Ciclo Sundance
Idea central: cuando el cine reduce la acción a “ruido y músculo”, aparece una película pequeña —en escala, enorme en inteligencia— que recuerda que la tensión, el humor y el corazón todavía pueden ganar.
Por Fran J. Tapia Lobo · en el podcast Cine con Atenea · Publicado:
Por qué THELMA funciona
THELMA arranca desde una premisa que parece mínima y termina siendo un mecanismo perfecto: una mujer mayor —93 años— toma una decisión y, desde ahí, la película sostiene el pulso con una mezcla rara: comedia, suspense, ternura y una acción que no depende de explosiones sino de inteligencia.
Lo que sorprende no es que “una abuela haga cosas de acción”, sino que la película entiende algo básico: la acción no es músculo; es riesgo, tensión y consecuencia. Cuando eso está bien escrito, el espectador entra.
Acción sin músculo: el truco de la película
Hay cine de acción moderno que confunde intensidad con volumen. THELMA hace lo contrario: trabaja con economía, con detalles, con decisiones pequeñas que pesan.
Ese “truco” es, en realidad, una declaración estética: si una película te hace temer por un personaje, si te hace reír sin romper la tensión, si te mantiene atento con herramientas simples, entonces está ganando en el terreno donde muchas superproducciones fallan.
Humor, ritmo y precisión
Una de las claves es el ritmo. La comedia no aparece como adorno: es parte del pulso narrativo. El humor aquí no ridiculiza a la protagonista: la acompaña. Y eso importa.
La película se permite ser ligera sin volverse superficial. Es una ligereza con fondo: detrás de la sonrisa, hay una idea de dignidad, autonomía y vida real.
La edad como potencia narrativa
Lo más potente —y lo más delicado— es cómo THELMA usa la edad: no como chiste, no como “milagro”, sino como condición material del relato. El cuerpo importa. El tiempo importa. La fragilidad existe. Y precisamente por eso, cada gesto se vuelve más significativo.
En lugar de disfrazar la vejez para volverla “cinematográfica”, la película la convierte en su motor. Y al hacerlo, abre una pregunta honesta: ¿por qué el cine insiste en tratar la edad como un margen cuando puede ser el centro?
Reflexión: una lección para el cine de acción
Si THELMA “humilla” al cine de acción moderno, no es por superioridad moral: es porque recuerda un principio que se está perdiendo demasiado a menudo.
La acción no es lo que explota. La acción es lo que te importa.
Cuando una historia está bien calibrada, no necesitas una ciudad destruida para sentir tensión. Necesitas un personaje vivo, una decisión clara y un mundo con consecuencias. En ese sentido, THELMA funciona como película y como espejo.
Cierre y siguiente visionado
Recomendación directa: si estás cansado del ruido y quieres una película ágil, humana y sorprendentemente eficaz, THELMA merece tu tiempo.
Ver en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=Xg4pc3_3_hw
Más episodios en la serie: Playlist Cine con Atenea · Análisis y conversación.
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